Un bosque, refugio uterino cálido.
Un incendio el andar de tus cabellos
Y la muerte misma en una sonrisa.
Espejo dual de dos caras, monstruo de
dos cuerpos, el mundo se incendia a tu
alrededor.
Los calidoscopios son tus armas de belleza,
ante el juego propio de la muerte a la que
te impones e impones a los demás.
Miles de niños muertos cuelgan de las ramas
de los olivos en el medio del desierto, niños
y niñas que jamás serán tus hijos.
Besada por el diablo, enamorada por el diablo,
caminas entre las llagas de
la tierra condenada
con tu belleza uterina, con tu belleza de llama.
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